
La escalada del conflicto en Medio Oriente volvió a instalar preocupaciones sobre la estabilidad financiera internacional y, en ese escenario, varios bancos de inversión de Wall Street ubican a la Argentina entre los mercados emergentes con mayor exposición a un eventual shock externo. Aunque reconocen avances en el ordenamiento macroeconómico impulsado por el gobierno de Javier Milei, los informes advierten que persisten fragilidades estructurales que podrían profundizarse si se incrementa la volatilidad global.
Análisis elaborados por Citigroup, JP Morgan, Morgan Stanley, Barclays, Wells Fargo y Bank of America coinciden en que el programa económico argentino logró mejoras en el frente fiscal y en la reducción de la inflación heredada del gobierno de Alberto Fernández. Sin embargo, señalan que el país todavía enfrenta debilidades como un bajo nivel de reservas, un acceso al financiamiento externo costoso, dudas sobre el tipo de cambio y una inflación que continúa en niveles elevados.
Uno de los informes más recientes, elaborado por Wells Fargo sobre la exposición de los mercados emergentes a tensiones geopolíticas, incluyó a la Argentina entre los países con mayor riesgo ante una eventual interrupción de los flujos de capital. El documento explicó que las economías con escasas reservas internacionales y una fuerte dependencia del financiamiento externo suelen ser las más sensibles ante episodios de “sudden stop”, cuando los inversores migran hacia activos considerados más seguros. “La Argentina y Turquía aparecen entre los países con mayor vulnerabilidad ante ese escenario”, indicó el reporte.

Evaluaciones similares surgieron de los estudios de Citi y Morgan Stanley, que señalaron que los países con fundamentos externos más frágiles suelen enfrentar mayores ajustes cuando aumenta la incertidumbre global. En el caso argentino, los analistas remarcaron que la reducción de esa exposición dependerá de la reconstrucción de reservas y de una normalización del mercado cambiario.
En un informe reciente sobre el país, Citi afirmó que la economía muestra “signos iniciales de estabilización” bajo la actual administración, apoyada en la disciplina fiscal y en el descenso de la inflación desde los niveles registrados en 2023. No obstante, el banco destacó que el frente externo continúa siendo uno de los principales desafíos.
Entre los puntos señalados figura el nivel de reservas internacionales. Si bien el Banco Central inició en los últimos meses un proceso de compra de divisas, el informe remarcó que el impacto sobre las reservas netas es limitado, debido a que parte de esos recursos se destina al pago de obligaciones de deuda.
Acumulación de reservas
En ese contexto, la entidad consideró que la etapa actual del programa económico podría abrir una oportunidad para avanzar en la liberalización del mercado cambiario y eliminar los controles restantes. También advirtió que la volatilidad reciente en las tasas de interés generó incertidumbre sobre la orientación de la política monetaria y complicó la expansión del crédito.
Las estimaciones de JP Morgan describieron un escenario similar. Según el banco, las reservas líquidas del Banco Central —el poder de intervención de la autoridad monetaria— rondan los 18.500 millones de dólares. Sin embargo, las reservas netas, una vez descontados encajes en moneda extranjera y líneas de swap, se mantienen en terreno negativo, en torno a los 2.400 millones de dólares.
De acuerdo con ese informe, en lo que va del año el Banco Central adquirió más de 2.800 millones de dólares en el mercado cambiario, en línea con la estrategia oficial de acumulación de reservas. Aun así, parte de la recomposición reciente provino de emisiones de deuda o financiamiento externo del sector privado.

Otro de los focos de discusión se concentra en el nivel del tipo de cambio. Mientras el ministro de Economía, Luis Caputo, sostiene que el dólar no presenta atraso y respalda el actual esquema de bandas cambiarias, algunos bancos internacionales manifestaron dudas sobre la competitividad del peso.
Un informe de Barclays indicó que el tipo de cambio real podría encontrarse relativamente apreciado, lo que podría limitar la capacidad de expansión económica. “Creemos que el tipo de cambio real actual es probablemente demasiado fuerte para que el crecimiento económico mejore de manera significativa”, señaló el documento.
El banco explicó que, luego de la fuerte depreciación inicial del programa económico, el tipo de cambio real multilateral se debilitó cerca de 35% entre abril y septiembre, antes de las elecciones, pero posteriormente volvió a apreciarse. En esa misma línea, Morgan Stanley sostuvo que las compras de dólares realizadas por el Banco Central también buscan evitar una apreciación excesiva del peso en un contexto de mayor ingreso de divisas.
Estimaciones inflacionarias
Los analistas también anticipan que la etapa final del proceso de desaceleración inflacionaria será más compleja. Barclays proyectó que el índice anual de precios podría ubicarse en torno al 25% durante este año, un nivel superior al previsto inicialmente.
Al mismo tiempo, los informes advierten que eventuales shocks externos podrían trasladarse a los precios. Morgan Stanley estimó que una suba del 10% en el precio internacional del petróleo podría sumar entre 0,2 y 0,4 puntos porcentuales a la inflación anual, mientras que Citi calculó un impacto de entre uno y dos puntos.
Pese a estas advertencias, los bancos también identificaron factores positivos en la economía argentina. Entre ellos, el crecimiento del sector energético aparece como uno de los principales motores del frente externo.

Un informe de Bank of America destacó que el país se consolidó como exportador neto de petróleo, con una producción cercana a los 860.000 barriles diarios. Este desempeño, según el banco, incrementa el ingreso de divisas y fortalece las inversiones en el sector. Además, señaló que el superávit comercial energético mejora en alrededor de 2.000 millones de dólares por año y se aproxima a los 8.000 millones.
En el plano financiero, la entidad ajustó recientemente su estrategia respecto de los activos argentinos y decidió cerrar su recomendación de posicionamiento en los bonos Global 2035, tras las ganancias acumuladas desde el año pasado. No obstante, mantuvo una evaluación positiva sobre la deuda externa del país.
“Seguimos con una visión constructiva y mantenemos nuestra recomendación de sobreponderar la deuda externa de la Argentina”, indicó el informe, aunque remarcó que el país continúa expuesto a un aumento de la aversión global al riesgo, un fenómeno que suele provocar salidas de capital de los mercados emergentes.
Visiones contrapuestas
Desde el Gobierno, el diagnóstico es diferente. Durante una exposición en la Fundación Mediterránea, Caputo aseguró que el país está mejor preparado para enfrentar un contexto internacional adverso. “El mejor escudo es tener la macroeconomía ordenada”, afirmó el ministro, al tiempo que ratificó la continuidad de la disciplina fiscal y del esquema cambiario vigente.
El funcionario también sostuvo que la Argentina no prevé regresar en el corto plazo a los mercados internacionales de deuda, ya que considera que el riesgo país —que se mantiene por encima de los 500 puntos básicos— todavía no refleja los fundamentos actuales de la economía. Según explicó, emitir deuda en esas condiciones implicaría pagar tasas más elevadas de las que el Gobierno considera adecuadas.
Un informe reciente del Banco Interamericano de Desarrollo también reflejó esa dualidad. El organismo proyectó que la economía argentina podría crecer 4,3% en 2025 y cerca de 3% en 2026, ubicándose entre las que más se expandirían en la región. Sin embargo, al mismo tiempo, el país registra el mayor índice de vulnerabilidad financiera de América Latina frente a episodios de turbulencia global.
Para los analistas internacionales, la evolución del frente externo será el factor determinante para evaluar la sostenibilidad del programa económico. La combinación de reservas limitadas, dudas sobre la competitividad cambiaria y financiamiento externo costoso explica por qué la Argentina continúa apareciendo entre los mercados emergentes más sensibles a una eventual crisis internacional. En paralelo, la expansión del sector energético y el potencial exportador de recursos naturales surgen como los principales factores que podrían reducir esa vulnerabilidad en los próximos años.